MANUEL

agosto 30, 2016

Era un chico algo solitario, por lo que quería, deseaba, soñaba a esa ginoide que había armado por internet. Personalizarla era parte del proceso de pedirla. Eligió los ojos perfectos, los labios, el lunar, el color del cabello, el tamaño de sus senos y glúteos. Partes intercambiables en perfecta sincronía de belleza. Desafortunadamente cuando cargaba todo en el carrito de compras el precio no era tan perfecto para su situación económica. Así, solía ponerse a cambiarle cosas y verla una y otra vez con variaciones. Lo contactaron de la empresa, le explicaron que analizaron su caso y le ofrecieron conocer una opción más a la medida de sus… necesidades. Tuvo que acudir a la sucursal más cercana a conocer los detalles. Se decepcionó. Aunque el precio era el correcto, el producto no era lo que esperaba. Pero qué chingados, ya estaba ahí y sólo tendría que renunciar a una cosa sin importancia. Salió sonriendo muy contento con una flamante y robótica mano derecha nueva.

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